Dos preguntas sobre la imagen institucional del próximo gobierno de la Ciudad de México

1. ¿Quién es el interlocutor del gobierno en temas de diseño?

La convocatoria es para todos los residentes en la Ciudad de México, no exclusivamente para los diseñadores gráficos, especialistas y profesionales. O sea que a 50 años de fundada la primera licenciatura en diseño, a la que han seguido decenas en la Ciudad de México y cientos en el país, con varias asociaciones civiles y muchísimos grupos y colectivos, nuestro gremio no ha logrado colocar en la percepción del gobierno (ni de la gente en general) que nuestro trabajo es especializado y que no cualquiera lo puede hacer, o que tenemos las instancias que nos organizan y representan como gremio. Lograrlo es un gran reto del que depende nuestra intervención en los temas de la ciudad en los próximos 6 años.

A pesar de lo anterior y en principio, no me parece mal esta convocatoria, porque transparenta una acción que solía ser opaca y autoritaria; recordemos que los gobiernos anteriores impusieron diseños, con resultados desiguales desde el punto de vista de la comunicación gráfica, de los cuales nunca se supo qué se solicitaba, quién los hacía, los argumentos de diseño, quién los aprobaba y cuánto se pagaba. Ahora todos (gobierno, diseñadores y no diseñadores) tendremos bases para valorarlo, lo cual es muy conveniente para aprender y mejorar.

En ese sentido (para aprender), planteo algunas inquietudes: ¿sobre qué bases se consideró necesario cambiar la imagen anterior?, ¿hubo un dictamen especializado de comunicación gráfica que lo recomendara?, si es así ¿la convocatoria garantiza que las propuestas superen al anterior?

Algo que tienen las convocatorias es que orientan (o desorientan) sobre lo que los participantes deben considerar importante y en ese sentido, educan. Pero con frecuencia quienes las redactan no lo ven así. En este caso, siendo la primera vez que se lanza, esta convocatoria sienta algunos precedentes, como el obviar lo comunicativo y exaltar lo cultural.

Extraña que las bases no describan entre los requerimientos, la función comunicativa básica de identificar eficazmente al gobierno de la Ciudad de México, con la complejidad de sus funciones y sus diferentes instancias, ante la ciudadanía, ante otros gobiernos (locales y extranjeros) y al interior de sí mismo, lo cual se logra con legibilidad, pregnancia, síntesis y ubicación, así como la relación con otros elementos con los que convivirá y que podrían ser valorados de manera más o menos objetiva por un jurado especializado. Es como dar por hecho que los participantes lo saben.

2. ¿Cómo intentan resolver el reto los finalistas?

En contraste con la ausencia de requerimientos comunicativos, la convocatoria destaca el deseo de que represente nociones abstractas: “deberán representar como elementos principales de comunicación visual los conceptos de innovación y esperanza”. Claramente, ni la innovación ni la esperanza tienen un aspecto determinado; la forma y el color con los que se les podría representar sería arbitraria, es por ello que, en varias de las propuestas se han tenido que agregar las palabras innovación y esperanza en tipografía.

Pero aún más, se pide tomar en cuenta nociones culturales como “los valores históricos, culturales, y de identidad que forman parte del patrimonio cultural tangible e intangible de la Ciudad de México”. No digo que esto sea incorrecto, pero es un gran reto desde la síntesis gráfica si se quiere innovar en su representación.

Al ver las propuestas finalistas — y suponiendo que puedo identificar dónde se están representando estos valores— noto algunos lugares comunes y peculiares enfoques: figuras tipo glifo prehispánico (7), la arquitectura y el skyline (4), El Ángel de la Independencia (que en realidad es una ángela mujer) (3), nuestros animales favoritos (águila, serpiente y colibrí) (3), síntesis geométricas más o menos arbitrarias (2), y una muy peculiar representación de las manos de la obra titulada Nuestra imagen actual de Siqueiros (1).

¿Realmente nos sentimos identificados por estas imágenes? Quizá unos sí, y otros no, porque lo genial de nuestra gran ciudad es que hay de todo. Pero la buena noticia es que, con el tiempo, todo mundo puede llegar a aceptar cualquiera de estas como la que caracteriza a su ciudad, todo depende del uso que se haga de ella y de la filiación emocional y subjetiva con que la ciudadanía la relacione, es decir, si la relaciona con un buen gobierno, aunque esté fea, si la relaciona con un mal gobierno, aunque esté bonita.

Me atrevo a suponer que una de las legítimas finalidades de esta convocatoria amplia, era obtener una imagen de la que “todos” nos apropiáramos y dijéramos con orgullo que es la de nuestra ciudad, y así, quizá diluir el hecho de que será, primeramente, sólo la imagen del gobierno. Una cosa y otra no son lo mismo. Quizá con el tiempo pueda llegar a fundirse (con-fundirse), pero ni con una convocatoria como esta, puede garantizarse que así suceda.

 

Ciudad de México 5 de noviembre 2018.