Diseñar no basta

Diseñar no basta.

Por Leonel Sagahón.

Propuestas para el encuentro de Arquitectura y Diseño del Foro Transición cultura organizado por el Equipo de transición del gobierno federal electo.

Abstract: Expongo qué es lo que considero diseño y por qué creo que fue incluido dentro de las disciplinas del plan de Transición Cultura. Argumento que la cultura es la fuente del diseño, pero que las soluciones de diseño regresan a construir cultura renovada y me centro en la capacidad articuladora del diseño para generar soluciones a problemas complejos. Como no me basta con la idea de que el diseño sólo deba generar productos estéticos (bonitos), enumero cinco nociones de diseño según la forma en la que aborda los problemas y genera soluciones, todas legitimas y valiosas, pero con potenciales diferentes. También planteo que lo que espero del próximo gobierno para con la cultura y el diseño es que no “haga las cosas” si no que genere condiciones para que entre todos las hagamos. Finalmente planteo diez propuestas para la próxima Secretaría de Cultura, que inician considerando al diseño como fuente de soluciones y no productor de obras.

En 1997, en La Máquina del Tiempo decíamos:

Diseñar es una forma de imaginar el futuro, es el tiempo para pensar cómo nos gustaría ser vistos; en esa prefiguración tenemos la oportunidad de seleccionar lo mejor de nuestro mundo y de nosotros mismos. También es el momento de cambiar lo que no nos gusta. Así, diseñar puede ser la manera de participar en una mejor forma de vivir.

¿Qué es el diseño y por qué está en este programa de cultura?

El diseño es una práctica encaminada a planear, para obtener resultados esperados. En ese sentido, más allá de generar objetos estéticos (bonitos), el diseño puede ser una herramienta poderosa para resolver las necesidades de México. Aunque la solución de los problemas del país no siempre provenga de la “cultura” en su sentido estricto, sus soluciones y sus productos sí construyen cultura, cuando sus consecuencias son la transformación de la forma en que vivimos y convivimos. Estas consecuencias son culturales, ideológicas y políticas.

Es decir, la fuente para encontrar soluciones de diseño, es la cultura existente, pero los efectos de la intervención, construyen cultura renovada. Cuando esto no es así y la fuente es desarraigada de la cultura local o las soluciones no construyen cultura nueva, el resultado es el empobrecimiento de la vida, la convivencia y la cultura. Allí considero que está la dimensión cultural del diseño y no sólo en cultivar sus productos (artesanías, edificios, mobiliario, carteles, vestidos, etc.) como obras separadas de su función, que sólo son resultado del talento de sus autores.

El reciente prestigio del diseño lo hace un ingrediente contemporáneo que no debe faltar en todo menú: “que es bueno por cosmopolita”. Pero el diseño es sólo un territorio de acciones e interacciones para posibles soluciones, el diseño no es una solución en sí mismo, es una oportunidad.

El diseño no resuelve por sí solo, propone, pero lo que propone queda en papeles, planos, prototipos y prefiguraciones; necesita de la realización, la fabricación, la reproducción y la implementación. El desenlace está en manos de otros que no son los diseñadores. Con frecuencia el “error de diseño” sucede en el momento posterior. Esto no exime a los diseñadores de responsabilidad, pero la mala implementación también suele impedir la evaluación que nos permite aprender para mejorar.

En México, las diferentes nociones de diseño, han dificultado que esta práctica logre mejores resultados. Si bien todas estas nociones son legítimas y aportan cosas valiosas a la cultura nacional, no siempre son compatibles o logran la solución de problemas. Veamos algunas:

  1. Artístico, como práctica que aporta estéticamente al autor y sus necesidades expresivas, para que, posteriormente, sus productos irradien sus beneficios, más bien artísticos, a la sociedad. Su campo de intervención es tan grande como el talento de sus autores. Suele valorarse por el aprecio de sus objetos como obras y a los autores como “creadores”.
  2. Especializado, como práctica comprometida con alguna de sus áreas particulares (diseño gráfico, arquitectónico, industrial, multimedia, etc.) sólo logra identificar y atender necesidades de esos mismos ámbitos y sólo produce objetos de esas áreas particulares.
  3. Integrador, busca resolver los problemas con combinaciones o mezclas de sus diferentes áreas (“un poco de industrial, más un poco de gráfico y una pizca de multimedia” que con frecuencia se ostenta como multidisciplinario), cada día hay más licenciaturas del llamado Diseño integral.
  4. Articulador, de diferentes saberes y disciplinas, aún las ajenas a la producción de objetos, como la medicina, la física y la química o incluso la historia y la antropología. Como herramienta y metodología, facilita el cruce interdisciplinario enfocando soluciones de un problema o serie de problemas, sin comprometer de antemano sus resultados con ninguna de las áreas del diseño mismo, e incluso acepta que la solución no sea considerada “de diseño”.
  5. Sistémico, una variante del anterior, que además entiende que los problemas que atiende no están quietos, si no que son fenómenos dinámicos, interferidos por factores determinados cultural, económica e históricamente.

En el futuro próximo, la convocatoria al diseño y los diseñadores deberá incluirlos a todos, pero sabiendo qué esperar de cada uno. Personalmente veo mayor trascendencia en los tres últimos que en los primeros.

¿Qué espero del próximo gobierno para con la cultura y el diseño?

Lo mismo que espero para lo demás, que NO se asuma como quien “hace las cosas”, si no quien favorece que se hagan, que abra los espacios y genere las condiciones para que las iniciativas de los diferentes sectores florezcan y armonicen, para que los diferentes intereses no se excluyan y para que esta dinámica se sostenga en el futuro, aún sin la participación del gobierno, es decir, construir y no estorbar. La verdad no creo que esto sea fácil, de echo creo que, en la tradición autoritaria que conocemos, para los funcionarios ha sido más sencillo hacer las cosas que favorecer que se hagan. Es más fácil decir “a ver, vamos a hacer esto y lo vamos a hacer así” y consideran que cualquier otra iniciativa simplemente no les incumbe pues proviene de otro sector (como la sociedad civil y la iniciativa privada) que debe rascarse con sus propias uñas. Estoy planteando una nueva cultura de la gobernanza que habrá que hacer juntos.

Propongo que, respecto del diseño, la próxima Secretaría de Cultura:

  1. Considere al diseño como fuente de soluciones y no como productor de obras.
  2. Ofrezca un diagnóstico y profundo de las principales necesidades a atender, no necesidades “de diseño”, si no necesidades del país (aún cuando no sean culturales) y lo someta a la discusión especializada, generando condiciones para una ponderación que enriquezca la visión de dichas necesidades.
  3. Que convoque a todos los sectores (incluido el del diseño) a proponer proyectos que las atiendan, generando las condiciones para que la participación no sólo sea numerosa, si no diversa y con igualdad de posibilidades de realizarse.
  4. Que convoque a los diferentes sectores del diseño, a través de las instancias que ya los organizan (universitarias, festivales o eventos, asociaciones, etc.) y a través de iniciativas que favorezcan nuevas formas de organizarse (grupos regionales, colectivos, por disciplinas, por sectores, etc.) para que propongan proyectos o que se integren a otros grupos o iniciativas para fortalecerlas.
  5. Que organice discusiones por región, problemática o interés, en los que especialistas puedan ofrecer perspectivas, información, metodologías, financiamientos, etc. que enriquezcan las posibles propuestas.
  6. Para la elección de los proyectos a desarrollarse, que fomente diferentes espacios de participación, es decir, no solo UNA convocatoria anual (como hace el FONCA), si no varias, cada una con diferente enfoque, ámbitos de intervención y fuentes de financiamiento, siempre con convocatorias muy cuidadosamente redactadas, que dejen clara la finalidad y con comités o jurados de especialistas de los diferentes sectores, no sólo de funcionarios.
  7. Que convoque a los diferentes sectores (gubernamental, privado, de organizaciones civiles e individuos, así como instancias internacionales) a contribuir al financiamiento y la realización de tantos proyectos como sea posible, armonizando los efectos de cada uno de manera que su resultado se potencie.
  8. Que genere las condiciones para que los proyectos propuestos puedan realizarse. La Secretaría de Cultura y el gobierno en general, deben asumir la gestión eficaz con toda instancia necesaria, para hacer realidad los proyectos.
  9. Que garantice los mecanismos para que las propuestas sean evaluadas de manera que arrojen el aprendizaje que permita mejorar y no repetir errores. Favorecer la producción rápida de prototipos que puedan ser evaluados a través de mecanismos y criterios claros y serios, que favorezcan las correcciones pertinentes y oportunas para acercarse a soluciones acertadas.
  10. Documentarlo todo al detalle y ponerlo a disposición de la sociedad, para su mejor información y rendición de cuentas, que incluiría a todos los involucrados, no sólo al gobierno.

Muchas gracias.

Lunes 12 de noviembre. Centro de Cultura Digital.