Ver un disco

 En el 1979 compré mi primer LP, ahorré el dinero que me daba mi abuelo y corrí a la tienda por el Trilogy de Emerson Lake and Palmer, ilustrado por el recientemente desaparecido Storm Thorgerson y su estudio Hipgnosis. Cuentan que la idea original era que el Trilogy tuviera en la portada la pintura El enigma interminable de Salvador Dalí, con el que se titulaba el primer track, pero no le llegaron al precio y contrataron al a Hipgnosis.Por qué un niño de 13 años compraría un disco de rock progresivo, es también un enigma sin fin, pero recuerdo el olor dulzón que se desprendía al romper el celofán (en aquel entonces jurábamos que podíamos decir si un disco era importado sólo por el aroma). Pasé horas y días y semanas y meses escuchando ese disco de vinil, me tumbaba en la cama, escuchaba atentamente y no hacía más que ver y ver la portada y el interior del estuche.Durante años, escuchar un disco fue para mi una actividad concentrada, la única distracción permitida era ver la portada, acariciarla, olerla, leer todos los textos, memorizar la letras y soñar. Las imágenes musicales eran inseparables de las ilustraciones que traía el disco, elegí muchos LP por sus portadas y entre ellos siempre destacaron los de Thorgerson: los tres primeros de Peter Gabriel; de Led Zeppelin Houses of the holy y el obsesivo Presence; todos los de Pink Floyd, en especial el hombre que se incendia del Wish you were here que me obsesionaba y por supuesto The dark side of the moon. Sin embargo, de Pink Floyd me gustaba más la portada de Animals, tan extravagante con el cerdo que vuela sobre la vieja Battersea Power Station de Londres, la misma con la que años después recrearon esta portada en una escena de la fallida Niños del hombre, dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón y protagonizada por Clive Owen y Julianne Moore.Cuando con MTV llegaron los videos musicales, se extinguió el presupuesto de las portadas, cuando llegaron los CD el área para ilustrar se volvió insignificante y ahora, con iTunes, ni siquiera hay discos, el negocio de la música se peleó para siempre con la imaginación gráfica. Ahora que Storm Thorgerson se nos ha muerto, me gustaría que mis sobrino Julián, melómano a la vieja usanza, se tumbara de panza a ver un disco.Más sobre Storm